Datos de contacto.

Envíame tus comentarios o colaboraciones. Escríbeme un correo: renegau.renegau@gmail.com
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía. Mostrar todas las entradas

sábado, julio 9

Independencia.


por Enrique Díaz Araujo *

Si simples eran las motivaciones de la Autonomía, más singulares y elementales fueron las de la Independencia.

De nuevo: veamos.

El antiguo profesor de la Universidad de Harvard, Clarence Haring, nos explica que:

“… de no haber surgido la circunstancia de las guerras en Europa, y de haber existido la posibilidad de que Fernando VII, después de su restauración hubiera acordado a sus súbditos una moderada libertad política y económica, el imperio se habría conservado, al menos por un tiempo.
Las guerras de la independencia fueron esencialmente guerras civiles. Uno de los rasgos más llamativos de todo el movimiento fue la prueba de lealtad a España, que dio gran parte de la población. En muchas regiones, el núcleo de las fuerzas realistas estaba constituido por hispanoamericanos…
En un principio, la mayoría de los criollos que tomaron y condujeron los movimientos revolucionarios no se mostraron propensos a romper por completo con España. Fácilmente podía haberse llegado a una reconciliación, otorgándose un tratamiento justo y razonable y adecuadas concesiones de autonomía…
Se convirtió gradualmente en un movimiento contra la autoridad española por la fuerza de las circunstancias imperantes en Europa”.

Sí; así es.

La independencia surgió de las pugnas entre peninsulares para otorgar mayor o menor poder al Rey y del interés de la Restauración francesa en evitar reiteraciones más o menos revolucionarias en sus fronteras. Pero, sobre todo, nació de la personalidad del rey restablecido en el trono, un sujeto digno de estudios psiquiátricos, quién de haber sido el “deseado”, cuando estaba preso en Valencay (donde se dedicaba a tejer calcetas), pasó a ser el “odiado”, tanto en la Península como en América. Si el adjetivo “estúpido” le cabe a un gobernante, ése tal fue Fernando VII (Napoleón Bonaparte había descrito la familia real española, esto es, a la Reina María Luisa, al rey Carlos IV, y al Príncipe de Asturias, Fernando, con estas palabras: “la madre era adúltera, el padre consentido, el hijo traidor”).

Y, pues, fue ese mismo Fernando VII quien, el 30 de mayo de 1816, ordenó la expulsión del ministro argentino plenipotenciario Bernardino Rivadavia quien había ido a rendirle pleitesía. Datos anteriores y similares a éste, conocidos en el Río de la Plata, provocaron la Declaración del 9 de Julio de 1816, de Tucumán.

Cual lo había adelantado en un sermón patriótico, fray Francisco de Paula Castañeda, el 25 de mayo de 1815:

“Diremos, que si el mal aconsejado Fernando no quiere unirse con sus leales vasallos, él mismo es el que, cual otro Roboam, se ha dado a sí mismo la sentencia, y no es regular que lloremos mucho, porque tal sentencia se cumpla y se ejercite; diremos que Fernando VII… que rehúsa nuestros homenajes con melindre desdeñoso, para que en adelante lo tratemos con desprecio. Diremos, que si este mal aconsejado joven le desagradó tanto nuestra lealtad, busque vasallos desleales, que los encontrará en la Península a millares y millones. Diremos, que el haberlo reconocido y jurado cuando estaba preso en Francia, no fue más que un rasgo de generosidad americana, y que al ver su indigesta y cruda ingratitud, no queremos continuarle por más tiempo un obsequio tan indebido”.

Estólida ingratitud hispana ante la generosidad americana: causa de la Independencia.

Quienes no habían tenido que esperar al desenvolvimiento de las potencialidades negativas encerradas en los talentos borbónicos, fueron dos hombres que conocían de cerca la escandalosa intimidad de esa Casa Real. Nos referimos, claro está, a Simón Bolívar (que había estado en la guardia de corps, junto a Mallo y a Godoy, amantes de la Reina María Luisa) y José de San Martín (cuyo hermano Justo Rufino también había sido oficial de aquel regimiento de favoritos de la Reina). Esos dos hombres principales que, con Agustín de Iturbide, conforman el trío de Libertadores de América, no habían alentado ninguna ilusión acerca de la evolución favorable de la postura autonómica. En consecuencia, ellos fueron los anunciadores, adelantados y ejecutores de la Independencia.

Queremos subrayar que fueron ellos, y no los denominados “precursores”, que tan sólo estaban interesados en las “reformas” (religiosas) del sistema español, los artífices de la Independencia. Los “precursores” (del tipo de Mariano Moreno) querían cortar con la Madre Iglesia, no con el Padre Rey.

San Martín no hacía un secreto de su opinión sobra la conducta española – “España se halla reducida al último grado de imbecilidad y corrupción”: Proclama a los habitantes del Perú, 13.11.1818, y Bolívar menos, al punto que estaba dispuesto a llevar una “guerra a muerte” a los “godos”, si se empeñaban en rechazar la emancipación americana. Pues, antes y después de la restauración de Fernando VII, absolutistas y liberales peninsulares combatieron por igual la independencia americana. Especialmente enemigas de América fueron las Cortes liberales de Cádiz, que sancionaron la Constitución laicista de 1812. Luego, hubo guerra, decidiéndose la suerte de las armas en Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824. Hecho memorable que, un siglo después, hizo decir al poeta Leopoldo Lugones que las espadas de los granaderos nos dieron “lo único enteramente logrado que tenemos hasta ahora, y es la Independencia”.

Independencia tuvimos, sin ayuda de nadie, gracias al valor y al coraje de nuestros bravos paisanos. Y eso es algo de lo que siempre deberemos enorgullecernos, repitiendo aquellas estrofas originales del Himno: “se levanta a la faz de la tierra una nueva y gloriosa Nación”.
Lo importante, didácticamente, es que se eviten confusiones. Así, Mayo es Autonomía (no: “Libertad”, ni “Revolución”, por lo menos si a lo acontecido en la Semana del 18 al 25 de mayo de 1810, se le pretende adjudicar una motivación ideológica), y Julio es Independencia. E “Independencia” supuso contar con una Nación Soberana (donde los elementos de “pueblo”, “territorio”, “religión” y “costumbres” preexistían, pero formando parte de otro Estado). Desde el 9 de julio de 1816 existió la Nación Argentina, para la cual el poeta Francisco Luis Bernárdez cantó las estrofas siguientes:

“Dios la fundó sobre la Tierra para que hubiera menos hambre y menos frío.
Dios la fundó sobre la Tierra para que fuera soportable su castigo.
Podemos dar gracias al Cielo por la belleza y el honor de su destino.
Y por la dicha interminable de haber nacido en el lugar donde nacimos.
La patria vive dulcemente de las raíces enterradas en el tiempo.
Somos un ser indisoluble con el pasado, como el alma con el cuerpo.
Dios la fundó sobre la Tierra para que hubiera menos llanto y menos luto.
En las tinieblas de la Historia la Cruz del Sur le dicta el rumbo más seguro.
Ninguna fuerza de la Tierra podrá torcer este designio y este rumbo”.

Digamos, por fin, que aquél de otrora fue un designio combatiente; actitud que siempre debiera estar vigente. Para lo cual, para mantener la bandera realmente izada, en estas épocas de globalización esclavizante, deberíamos quedar obligados a permanecer doblemente atentos y vigilantes. Tal cual lo indicaba el poeta Carlos Obligado, al recordarnos, en 1943:

“Mas, ved, que el campo es de aluvión, inmenso.
Y el cardo amaga entre la mies fecunda;
Y en este mundo, a la abyección propenso,
Oro socava lo que acero funda”.

* Aquello que se llamó la Argentina. Mendoza, El Testigo, 2002, pp. 26 – 31.

martes, julio 5

Ante otro aniversario de la Defensa de Buenos Aires.

El Ejército Invisible



Por Antonio Caponnetto *

Unidos en la unánime aventura
de rescatar la tierra con sus dotes,
los varones planean la conjura.

Porque sangra esta cruel cabalgadura
en la ciudad montada de hugonotes.

La sombra, veterana compañera
de complotados, tramas, sortilegios,
oye propuestas con su faz señera.

Cuentan armas, revisan la leñera,
todos juran vengar los sacrilegios.

Ya Fornaguera, el catalán fogoso,
pide sin más, pasarlos a cuchillo
y Alzaga asiente: no será costoso.

Otros piden rodear, cavando un foso,
minando el Fuerte en un fatal anillo.

Se habla de asaltos, lazos, emboscadas,
de una quinta en Perdriel dada al olvido
con acciones de guerra, agazapadas.

Un gaucho preguntó por las Cruzadas:
el invisible ejército ha nacido.

Cada casa un alcázar o un bastión,
cada torre un vigía desvelado.
Los Húsares ya están con Pueyrredón.

Y probando el cerrojo de un cañón
Felipe Sentenach ruge callado.

Quien pudiera asomarse a esos balcones
de cánticos marciales, de entreveros,
con un cielo de pólvora y de halcones.

Quién nos restituyera las pasiones
para ser de la patria arcabuceros.

Solar que nombras a Santa María,
Puerto que invocas a la Trinidad
habitaron guerreros en tu ría.

Tal vez a fuerza de melancolía
haya otra reconquista en la Ciudad.

* Poemas para la Reconquista. Bs. As., Santiago Apóstol, 2006, pp. 21-22.

martes, septiembre 30

Te splendor et virtus Patris.

Te splendor et virtus patris

(Himno del Breviario Romano al Arcángel San Miguel *)



Oh Jesús, que eres fuerza y luz del Padre,
Oh Jesús, que das vida a nuestros pechos:
Te alabamos en coro con los Ángeles,
Que siempre de tu boca están suspensos.

Millares de celestes capitanes
Militan en las huestes que acaudillas,
Pero es Miguel quien a su frente marcha
Y quien empuña la sagrada insignia.

Él es quien precipita en lo  más hondo
De los infiernos al dragón funesto,
Y quien fulmina a los rebeldes todos,
Y quien los echa del baluarte excelso.

Sigamos día y noche a nuestro príncipe
Contra el fiero adalid de la soberbia,
Para que desde el trono del Cordero
Nos sea dada la corona eterna.

Gloria al Padre y que Él guarde con sus Ángeles
A los que, redimidos por su Hijo,
Fueron ungidos desde el firmamento
Por el eterno bien del Santo Espíritu.


( * Traducción de Francisco Luis Bernárdez)

martes, febrero 21

Seca, peste, guerra y hambre.



Seca, peste, guerra y hambre
tenemos en lo presente
y una vida impenitente
con el descaro más grande.

La conciencia se acabó,
la caridad se ha perdido,
ya está en el mayor olvido
el santo temor de Dios.
Es preciso que el rigor
a nuestra dureza ablande,
pues es justo que nos mande
castigo de cuando en cuando,
como que ya está mandando
seca, peste, guerra y hambre.

Reinando está la codicia,
el lujo y la vanidad,
y la más dura impiedad
con su hermana la malicia.
Aquí corre la impudicia,
la murmuración frecuente,
y de todo esto la fuente
es el ocio y el engaño,
y, por eso, el mayor daño
tenemos en lo presente.

La mala fe con el vicio
parece que han hecho alianza,
porque corre la venganza
en lamentable desquicio.
¡Oh que olvidado está el juicio
de ese Dios omnipotente!
Si nos llama derrepente
¿qué podremos alegar,
si es tanta nuestra maldad
y una vida impenitente?

Presto se pedirá cuenta
al que sabe y al que ignora,
porque en los tiempos de ahora
servir a Dios es afrenta.
Aquí su poder ostenta
el mundo, demonio y carne,
haciendo el mayor alarde
despreciamos entre tanto
a ese Dios inmenso y santo
con el descaro más grande.




*** de los papeles de don Isidro Alderete Norry.

Tomado de don Alfonso Carrizo y uno de sus libros (no me acuerdo cuál), sepa buscarlo el lector.

domingo, marzo 6

Regresamos. Dios nos asista.




Llego hasta Ti, huyendo de mí mismo,
a buscarle un refugio a mi esperanza.
Y me entrego, del todo, a cuanto quiera,
tu voluntad que por ser tuya es santa.

Y tal como si fuera un ave en vuelo
que renuncia al gobierno de sus alas
y las abre en extenso a las corrientes,
dispuesto a navegar por donde vayan.

Yo me entrego, Señor, a tus designios:
de par en par abro ante ti mis ansias,
y las dejo que marchen impelidas
por el soplo de amor que de Ti emana.

He llegado hasta Ti, y en Ti me quedo,
¡Ponme a prueba y verás que en mí tú mandas!

Rómulo D. Carbia.

sábado, noviembre 20

La Vuelta de Obligado no pertenece a este gobierno.

La Vuelta de Obligado


por Antonio Caponnetto


Este 20 de noviembre del 2010 se cumplen 165 años de la batalla de la Vuelta de Obligado. La gloriosa y memorable fecha no les pertenece a quienes hoy oficialmente la festejan. Tampoco al partido que representan, ni a los agentes regiminosos que alrededor de ese partido medran y lucran corruptamente. Rosas no admite comparación con sus ídolos populistas, ni cuadra su presencia en ninguna galería de próceres latinoamericanos, a más de uno de los cuales hubiera lanceado a campo traviesa.


Las celebraciones gubernamentales son ultraje y mentira. El Rosas que reivindican no existió. El Rosas que existió los habría fusilado.


Nada de esto ya importa. Vencedor del tiempo y del espacio –como los héroes genuinos- los argentinos cabales rinden tributo a su memoria, a quienes cayeron en la Vuelta de Obligado, y a quienes –cuando hacerlo supuso riesgos fieros- reivindicaron la verdadera talla del Ilustre Restaurador de las Leyes.


Quieran hacer justicia los versos que enhebramos:


Ni cuzcos ladradores ni doctores me traigan,

ni tibios lomos negros de chiripá o levita,

que no vengan logistas a hollar estas barrancas,

donde el duelo y la sangre supieron darse cita.


Auséntense los torvos, cismáticos o flojos,

espadas sin cabeza, sin blasón ni coraje,

esta Vuelta del río reclama en sus orillas

la vieja aristocracia del sufrido gauchaje.


Ninguna voz rendida se escuche en el remanso

del Paraná poblado de recuerdos fecundos,

ninguno se presente de los que han hocicado,

una vez y por siempre los he llamado inmundos.


Que no lleguen tampoco los que enturbiaron nombres

de patriadas antiguas galopando en montón,

ni los profanadores de la historia se acerquen,

sólo quiero a los fieles de la Federación.


¡Encadene el oleaje, mi General Mansilla,

atenace torrentes, eslabone los vientos,

que silven los boyeros, y en las cañas tacuaras

flameen los pendones amarrados con tientos!


¡Usted, Coronel Thorne, desenvaine cañones,

camarada Quiroga: honre al padre que hereda,

Capitán Tomás Craig, ancle el buque al pellejo

y usted, Ramón Rodríguez, con su furia proceda!


Si la tierra trepida sabrán los extranjeros,

que las almas batallan con leal veteranía

invisible y perenne como un yelmo de plata

como ajorca que enlaza la fiel soberanía.


Comandante Barreda, Artillero Palacios,

alumbren las estrellas de este patrio noviembre,

y en el último ataque que cada puño sea

la semilla que labre, que coseche y que siembre.


Nada importa esta tarde que la proa invasora

nos aventaje en fuego de metrallas filosas,

mis mazorqueros tienen bayonetas caladas

y me sigo llamando Don Juan Manuel de Rosas.


Resistí a los falsarios, la conjura de escribas,

en mil páginas negras que fraguó belcebú,

venceré a los que intenten torcer mi empuñadura,

yo soy el heredero del sable de Maipú.


Mañana cuando lleguen las horas más aciagas,

aunque ni un ceibo quede en mi pampa plantado,

Señor, se alce una boca para gritar de nuevo:

No han de pasar por esta Vuelta de Obligado.


viernes, octubre 29

Todo acaba, todo muere.


Se murió (no lo nombremos)

Todo acaba, todo muere.

Se murió, no lo nombremos.

Miserere.


Murió cuando no pensaba.

Se acabó en un brusco hipo,

con todo lo que esperaba.

Pobre tipo.


Ya no ganará elecciones.

Ya no será reelegido.

Su alma llena de pasiones

¿dónde ha ido?


¿Qué se han hecho los extremos

adonde quiso subir?

Todo se acabó. Recemos.

Todos hemos de morir.


Su vida a cuatro columnas

que ha publicado la prensa

lo consolará en su tumba

si está allá donde uno piensa.


Murió temprano el fulano,

nadie por eso se altere.

Acaba todo lo humano.

Miserere.


Morirán todos los otros.

Aprendan que todo es vano,

si hay alguno entre nosotros

medio aprendiz de tirano.


Ninguno exulte o se mofe,

ninguno se desespere.

Todos echarán el bofe.

Miserere.


Piensen todos en la Pálida

que a todos apunta y tira.

Vayan limpiando las ánimas

de mentira.


Querer pararla es en vano.

No esperen que los espere.

Morirán como el fulano.

Miserere.


(parafraseando a Castellani)

martes, agosto 17

A 160 años del Paso a la Inmortalidad del Gral. Don José de San Martín.


¡Presentes, General,

Con la patria ganada y el acento inmortal!




Oda al General San Martín


Por Ignacio B. Anzoátegui


¡Presentes, General,

Con la patria ganada y el acento inmortal!


Con usted los que fuimos tres o cuatro patriotas,

con usted los que somos varios cientos de miles,

Los de la patria pura, los que en la sangre viven

una patria sin dividendos de ferrocarriles,


Los que tuvimos la fortuna

De jugar en la mesa de la historia nuestra moneda inoportuna,


Los que tuvimos la limpieza –la limpieza de sangre y de intenciones-

De jugarnos el todo por el todo, cargados de pobreza y de razones,


Los que afirmamos la teoría

De que la patria no era ni sería una dependencia de la Masonería.


Los que sabemos que los pueblos tienen, como los hombres

su rendición de cuentas y su Juicio Final,

Los de la patria limpia, ¡con usted General!


Para la patria el aire de los siglos y la corazonada de la gloria

Y el silencio del águila bicéfala que vigila los pormenores de la historia;


Para la patria mía, que es bandada y bandera,

Para la antigua patria, que es pira y primavera,


La bandera en el cielo y en la luz el laurel,

Primavera de pólvora, paloma de cuartel.


Para la patria el alto sentido de la vida que se encierra

En la paz merecida y en la dignidad de la guerra


(De la guerra que haremos –si nos faltan aviones la haremos con soldados

Cuando estemos verdaderamente enojados).


Para la patria el claro sentido de la muerte, para la patria clara

Que es capaz de jugarse contra el miedo, a tiros y a sablazos, cara a cara,


Su honor y su alegría contra sus intereses

(Y si no que lo digan con banderas de luto los ingleses).


Para la patria todo lo que la patria pide:

Que la alegría no entra en componendas y el honor no se mide.


Para ella la nieve arrebatada y el aura del jardín

Y la herida y el canto y el clavel y el clarín.


Los que vivimos la alegría

De pedir cada día honradamente nuestro poco de pan

y nuestro poco de poesía,


Los que tenemos el consuelo

De saber que la patria es un ensayo de esperanza y de cielo,


Los de la patria antigua y el acento inmortal,

Los de la sangre limpia, ¡con usted, General!


martes, junio 15

Ante otro 14 de junio: Están allí.



ORACIÓN A LOS SOLDADOS YACENTES EN MALVINAS.


Están allí, tallados en la roca

por el recio buril de la tormenta,

con un poncho de nieve cenicienta

y un jadeo de escarchas en la boca.

Sobre las crestas del paisaje ciego

-detrás de los helados panoramas-

danzan entre relámpagos y llamas

los monjes demoníacos del fuego.

Están allí, clavados en la cita

con los místicos dioses irredentos.

La borrasca les da su rompevientos,

la Cruz del Sur les sirve de garita.


Deflagran en el aire como teas

flores de horror, luciérnagas impuras,

y les lamen las rojas mordeduras

los lebreles de sal de las mareas.


Contra los vidrios del turbal inerte

y en conjunción de lábaro y espada,

están allí, la piel descascarada

de cuarto vigilante con la muerte.


El agua cenital de los riscales

-espuma, bajamar, onda, reflujo-

multiplica su trágico dibujo

de cósmicos menhires ancestrales.


Están allí, marcados en la frente

por el duro vector de la pelea,

mientras la rosa del amor flamea

tal un guijarro más en la rompiente.


Un holocausto de clarines puebla

los ecos de las viejas generalas,

y abaten entre líquenes sus alas

los arcángeles negros de la niebla.


Están allí, flanqueados por el genio

del rayo, la pasión, los vendavales,

plantados como tótemes astrales

en el mítico fondo del milenio.


Tras un cielo de láminas ustorias

-perfil contra perfil, peña por peña-

el sol de medianoche les diseña

su pátina de musgos y de glorias.


Están allí. Ya nada los arredra

-brumas, alarmas, nevazones, miedos-

oxidada la costra de los dedos,

las raíces hundidas en la piedra.

Y al mandato final del hombre nuevo

el alto mar, preñado de futuro,

grita con un dramático “¡sí, juro!”

la consigna del último relevo.


Orlando Punzi.