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sábado, julio 9
Independencia.
martes, julio 5
Ante otro aniversario de la Defensa de Buenos Aires.
martes, septiembre 30
Te splendor et virtus Patris.
martes, febrero 21
Seca, peste, guerra y hambre.
domingo, marzo 6
Regresamos. Dios nos asista.
sábado, noviembre 20
La Vuelta de Obligado no pertenece a este gobierno.
por Antonio Caponnetto
Este 20 de noviembre del 2010 se cumplen 165 años de la batalla de
Las celebraciones gubernamentales son ultraje y mentira. El Rosas que reivindican no existió. El Rosas que existió los habría fusilado.
Nada de esto ya importa. Vencedor del tiempo y del espacio –como los héroes genuinos- los argentinos cabales rinden tributo a su memoria, a quienes cayeron en
Quieran hacer justicia los versos que enhebramos:
Ni cuzcos ladradores ni doctores me traigan,
ni tibios lomos negros de chiripá o levita,
que no vengan logistas a hollar estas barrancas,
donde el duelo y la sangre supieron darse cita.
Auséntense los torvos, cismáticos o flojos,
espadas sin cabeza, sin blasón ni coraje,
esta Vuelta del río reclama en sus orillas
la vieja aristocracia del sufrido gauchaje.
Ninguna voz rendida se escuche en el remanso
del Paraná poblado de recuerdos fecundos,
ninguno se presente de los que han hocicado,
una vez y por siempre los he llamado inmundos.
Que no lleguen tampoco los que enturbiaron nombres
de patriadas antiguas galopando en montón,
ni los profanadores de la historia se acerquen,
sólo quiero a los fieles de
¡Encadene el oleaje, mi General Mansilla,
atenace torrentes, eslabone los vientos,
que silven los boyeros, y en las cañas tacuaras
flameen los pendones amarrados con tientos!
¡Usted, Coronel Thorne, desenvaine cañones,
camarada Quiroga: honre al padre que hereda,
Capitán Tomás Craig, ancle el buque al pellejo
y usted, Ramón Rodríguez, con su furia proceda!
Si la tierra trepida sabrán los extranjeros,
que las almas batallan con leal veteranía
invisible y perenne como un yelmo de plata
como ajorca que enlaza la fiel soberanía.
Comandante Barreda, Artillero Palacios,
alumbren las estrellas de este patrio noviembre,
y en el último ataque que cada puño sea
la semilla que labre, que coseche y que siembre.
Nada importa esta tarde que la proa invasora
nos aventaje en fuego de metrallas filosas,
mis mazorqueros tienen bayonetas caladas
y me sigo llamando Don Juan Manuel de Rosas.
Resistí a los falsarios, la conjura de escribas,
en mil páginas negras que fraguó belcebú,
venceré a los que intenten torcer mi empuñadura,
yo soy el heredero del sable de Maipú.
Mañana cuando lleguen las horas más aciagas,
aunque ni un ceibo quede en mi pampa plantado,
Señor, se alce una boca para gritar de nuevo:
No han de pasar por esta Vuelta de Obligado.
viernes, octubre 29
Todo acaba, todo muere.

Se murió (no lo nombremos)
Todo acaba, todo muere.
Se murió, no lo nombremos.
Miserere.
Murió cuando no pensaba.
Se acabó en un brusco hipo,
con todo lo que esperaba.
Pobre tipo.
Ya no ganará elecciones.
Ya no será reelegido.
Su alma llena de pasiones
¿dónde ha ido?
¿Qué se han hecho los extremos
adonde quiso subir?
Todo se acabó. Recemos.
Todos hemos de morir.
Su vida a cuatro columnas
que ha publicado la prensa
lo consolará en su tumba
si está allá donde uno piensa.
Murió temprano el fulano,
nadie por eso se altere.
Acaba todo lo humano.
Miserere.
Morirán todos los otros.
Aprendan que todo es vano,
si hay alguno entre nosotros
medio aprendiz de tirano.
Ninguno exulte o se mofe,
ninguno se desespere.
Todos echarán el bofe.
Miserere.
Piensen todos en la Pálida
que a todos apunta y tira.
Vayan limpiando las ánimas
de mentira.
Querer pararla es en vano.
No esperen que los espere.
Morirán como el fulano.
Miserere.
(parafraseando a Castellani)
martes, agosto 17
A 160 años del Paso a la Inmortalidad del Gral. Don José de San Martín.
¡Presentes, General,
Con la patria ganada y el acento inmortal!

Oda al General San Martín
Por Ignacio B. Anzoátegui
¡Presentes, General,
Con la patria ganada y el acento inmortal!
Con usted los que fuimos tres o cuatro patriotas,
con usted los que somos varios cientos de miles,
Los de la patria pura, los que en la sangre viven
una patria sin dividendos de ferrocarriles,
Los que tuvimos la fortuna
De jugar en la mesa de la historia nuestra moneda inoportuna,
Los que tuvimos la limpieza –la limpieza de sangre y de intenciones-
De jugarnos el todo por el todo, cargados de pobreza y de razones,
Los que afirmamos la teoría
De que la patria no era ni sería una dependencia de
Los que sabemos que los pueblos tienen, como los hombres
su rendición de cuentas y su Juicio Final,
Los de la patria limpia, ¡con usted General!
Para la patria el aire de los siglos y la corazonada de la gloria
Y el silencio del águila bicéfala que vigila los pormenores de la historia;
Para la patria mía, que es bandada y bandera,
Para la antigua patria, que es pira y primavera,
La bandera en el cielo y en la luz el laurel,
Primavera de pólvora, paloma de cuartel.
Para la patria el alto sentido de la vida que se encierra
En la paz merecida y en la dignidad de la guerra
(De la guerra que haremos –si nos faltan aviones la haremos con soldados
Cuando estemos verdaderamente enojados).
Para la patria el claro sentido de la muerte, para la patria clara
Que es capaz de jugarse contra el miedo, a tiros y a sablazos, cara a cara,
Su honor y su alegría contra sus intereses
(Y si no que lo digan con banderas de luto los ingleses).
Para la patria todo lo que la patria pide:
Que la alegría no entra en componendas y el honor no se mide.
Para ella la nieve arrebatada y el aura del jardín
Y la herida y el canto y el clavel y el clarín.
Los que vivimos la alegría
De pedir cada día honradamente nuestro poco de pan
y nuestro poco de poesía,
Los que tenemos el consuelo
De saber que la patria es un ensayo de esperanza y de cielo,
Los de la patria antigua y el acento inmortal,
martes, junio 15
Ante otro 14 de junio: Están allí.
ORACIÓN A LOS SOLDADOS YACENTES EN MALVINAS.
Están allí, tallados en la roca
por el recio buril de la tormenta,
con un poncho de nieve cenicienta
y un jadeo de escarchas en la boca.
Sobre las crestas del paisaje ciego
-detrás de los helados panoramas-
danzan entre relámpagos y llamas
los monjes demoníacos del fuego.
Están allí, clavados en la cita
con los místicos dioses irredentos.
La borrasca les da su rompevientos,
Deflagran en el aire como teas
flores de horror, luciérnagas impuras,
y les lamen las rojas mordeduras
los lebreles de sal de las mareas.
Contra los vidrios del turbal inerte
y en conjunción de lábaro y espada,
están allí, la piel descascarada
de cuarto vigilante con la muerte.
El agua cenital de los riscales
-espuma, bajamar, onda, reflujo-
multiplica su trágico dibujo
de cósmicos menhires ancestrales.
Están allí, marcados en la frente
por el duro vector de la pelea,
mientras la rosa del amor flamea
tal un guijarro más en la rompiente.
Un holocausto de clarines puebla
los ecos de las viejas generalas,
y abaten entre líquenes sus alas
los arcángeles negros de la niebla.
Están allí, flanqueados por el genio
del rayo, la pasión, los vendavales,
plantados como tótemes astrales
en el mítico fondo del milenio.
Tras un cielo de láminas ustorias
-perfil contra perfil, peña por peña-
el sol de medianoche les diseña
su pátina de musgos y de glorias.
Están allí. Ya nada los arredra
-brumas, alarmas, nevazones, miedos-
oxidada la costra de los dedos,
las raíces hundidas en la piedra.
Y al mandato final del hombre nuevo
el alto mar, preñado de futuro,
grita con un dramático “¡sí, juro!”
la consigna del último relevo.
Orlando Punzi.




