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lunes, febrero 17
La Candelaria (2 de febrero).
domingo, diciembre 12
San Martín, Lutero y el padre Zapata.
Llamarse San Martín era una sinvergüenza, era un agravio a San Martín de Tours todo caridad, y lo más que podía permitirse era llamarlo Martín por su semejanza con Martín Lutero, el pérfido hereje.
Por José Pacífico Otero
Desmanes oratorios del padre Zapata.
En otra ocasión, y antes de que San Martín hiciese su entrada en Santiago, un religioso agustino llamado el padre Zapata, lo hizo blanco de sus iras y de sus furibundos anatemas. Comentando su nombre, decía él a sus oyentes: “¡San Martín!” Pero si sólo esto es ya una blasfemia! No lo llaméis San Martín, sino Martín, para que se asemeje más a Martín Lutero, prototipo de la impiedad y de la sedición contra las leyes divinas y humanas, contra el altar y el trono”.
Llegado a Chile, San Martín se enteró de los desmanes oratorios del religioso de la referencia y lo hizo comparecer ante sí para aleccionarlo con un buen correctivo. El padre Zapata no pudo resistirse al llamado, y al tenerlo en su presencia y torciéndose los bigotes para darse, como dice Sarmiento, “espantables aires de matón”, clavó en él sus ojos negros y centelleantes y hablóle así: “Cómo, so godo bellaco, usted me ha comparado con Lucero y adulterado mi nombre, quitándome el San que le precede… ¿Cuál es su apellido?... – Zapata, señor general, respondió aterradamente el agustino. – Pues le quito el Za, le dijo San Martín, en castigo de su delito, y si alguien le da su antiguo apellido, lo fusilo”.
Más muerto que vivo el padre Zapata salió a la calle, y como en ese momento acertase a pasar por su lado un amigo realista, asombrado de verlo salir de la casa del general insurgente, le observó: “¿Cómo, usted por acá, padre Zapata?” No había acabado de pronunciar su frase el dicho quídam cuando el padre en cuestión, aterrado y con voz ahogada, le cortó la palabra diciéndole: “No, no, no soy el padre Zapata, sino el padre Pata. Llámeme usted Pata y nada más que Pata, porque la vida se me va en ello”.
Esta misma anécdota nos la cuenta en sus Tradiciones peruanas don Ricardo Palma, pero como acaecida, no en Chile, sino en el Perú. Este insigne publicista nos dice que cuando San Martín llegó a aquellas tierras se encontraba desempeñando el curato de Chancay el religioso franciscano fray Matías Zapata, godo de primera agua. Un domingo después de la misa dominical se dirigió a los fieles y significóles que el nombre del insurgente criollo era por sí solo una blasfemia y que estaba en pecado mortal todo aquel que lo pronunciase no siendo para execrarlo. Llamarse San Martín era una sinvergüenza, era un agravio a San Martín de Tours todo caridad, y lo más que podía permitirse era llamarlo Martín por su semejanza con Martín Lutero, el pérfido hereje.
“No pasaron muchos domingos sin que el Libertador del Perú, al trasladar su ejército al norte de Lima, se enterase de esta prédica revolucionaria, y resuelto a poner un freno a la elocuencia rabiosa del orador lo llamó a su presencia y le dijo: “¿Es cierto que usted me ha comparado con Lutero y le ha quitado una sílaba a mi apellido? No me devuelva usted nada, prosiguió, y quédese con ella; pero sepa usted que yo, en castigo de su insolencia, le quito también la primera sílaba de su apellido y entienda que lo fusilo sin misericordia el día que le ocurra firmar Zapata. Desde hoy no es usted más que el padre Pata y téngalo muy presente”. Nos cuenta Palma, que hasta 1823 no hubo en Chancay partida de nacimiento, defunción u otro documento parroquial que no llevase por firma fray Matías Pata. “Vino Bolívar y le devolvió el uso y el abuso de la sílaba eliminada”.
José Pacífico Otero: Historia del Libertador Don José de San Martín, Capítulo XCII: San Martín y su ingenio episódico y anecdótico.

Secularización, consumismo y Navidad.
En la mirada de la revista española Arbil.
¿Cómo viven las sociedades secularizadas
Entre las muchas noticias que se acumulan en los resúmenes informativos que los medios de comunicación ofrecen, en este tiempo de resumen y anuncio que es el tránsito de un año a otro, tres, con el denominador común de Navidad y catolicidad, deberían movernos a la reflexión por lo que de premonición del signo de los tiempos contienen: la primera, es el alto índice de endeudamiento que las familias españolas, y probablemente suceda igual en otros lares, asumen con la llegada de las fechas navideñas; la segunda, la pérdida continua de apoyo económico por parte de los fieles que
Bajo el cielo de luces de colores que engalanan las calles de nuestras ciudades en las fechas entrañables y familiares de
A muchos nos parece que
La humildad, consustancial al nacimiento de Cristo, recordada en todos y cada uno de los pesebres que todavía se exhiben en nuestros hogares, desaparece, como una gran paradoja, cuando llega
Sin embargo, el tiempo de Navidad se ha convertido para los católicos, al menos en Europa porque en otros lugares del globo los procesos de secularización son más lentos aunque la mundialización queme las etapas de forma acelerada, en tiempo de tentación. No son las celebraciones religiosas las que importan, las que mueven, las que dinamizan; para una parte importante de los católicos son un adorno más. Otra bombilla, otra guirnalda que colgar en el hogar. El nuevo lugar de celebración, el otro gran atrio de
La paganización de las fiestas religiosas es ya un hecho innegable en Occidente. Sociedades altamente secularizadas como las nuestras no dejan espacios para otro tipo de manifestaciones. Lentamente, como si de una maniobra perfectamente planificada se tratase, se van borrando hasta las huellas culturales que mantienen vivos los últimos reductos del sentido real del tiempo navideño.
Las modas extrañas a nuestros parámetros, a nuestra herencia cultural, se van imponiendo. En muchos hogares, hogares cristianos, el tradicional Belén, con las indulgencias que conlleva el ponerlo, es sustituido por el abeto de luces y colores; las guirnaldas, las campanitas, los bastones, los corazones y las composiciones a base de elementos vegetales copan los adornos. Los Reyes Magos y sus camellos sufren la dura competencia de Papá Noel o Santa Claus con sus renos y casitas. Junto a su representación para los niños aparece Santa Claus y su casita. Los niños depositan cartas a unos y otros de tal modo que sólo queda el regalo pero no el significado. La pugna ha quedado solventada magníficamente por la propaganda comercial que ve como se multiplican los ingresos merced a la duplicidad de los regalos y la fiebre consumista que bloquea el sentido economicista del hogar tradicional.
Paganización de la festividad. Disolución del sentido de
Por correlación con
sábado, abril 24
Respetable párroco.
Arrecifes Junio 3/830
Respetable Párroco:
El moralizar las clases de los pueblos, el hacer gustar a los fieles las preces y alabanzas que por su antigüedad y melodía son insinuantes al corazón, el acostumbrar la juventud de ambos sexos a los actos de piedad, entonando reunidos en el templo canciones sencillas, me han movido a recordar el uso que en la casa de Dios y en las de familia se practicaba antes diariamente en un rato del día o de la noche.
Me complacería de que reviviese esa cristiana práctica, de modo que en todas las iglesias parroquiales después de rezado el rosario se oyesen entonar las buenas noches y otro de
También la memoria del Jefe de
Espero que el ministerio de usted recibirá con agrado mis súplicas. Ellas proceden del mejor deseo de su compatriota y atento servidor.
Juan M. de Rosas.
Circular enviada a todos los párrocos de la provincia de Buenos Aires
(Archivo General de la Nación, Bs. As., X-23, 9, 4)
