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lunes, abril 29

Los emigrados.




por el Padre Leonardo Castellani ***


“Pero tú ¿sabes bastante hebreo para hablar sobre los hebreos? Y sobre todo ¿amas bastante a los judíos como para escribir contra los judíos?.

(H.D. Cazón).

En el subte, el tranvía, el colectivo, nos hallamos los que no tenemos taxi, apretados contra gente que habla alemán o italiano con cierta agitación y un tono en que todo, gesto, actitud y afinación, los diseña como gente extraña. ¿Qué es eso? Son los “emigrados”.

De acuerdo con la ley argentina, o por debajo y encima délla, he aquí una cantidad de hebreos extranjeros de tipo urbano (habitantes de ciudades) que irrumpe en nuestro medio social y se infiltra en la ciudad alegre y confiada. Han venido sin dinero y muchos déllos necesitan con urgencia “colocación”. No cualquiera colocación es apta para ellos porque son gente ya formada, a veces rígidamente “especializada”, unilateralizada. No conocen nuestra lengua, mucho menos nuestras costumbre. No están en la mejor disposición para asimilarlas tampoco, desde que el desastre que se abatió sobre ellos (intus existens próhibet extraneum) los pone en un estado psicológico especial, muy comprensible, de inquietud, distorsión y resentimiento, polarizando con fuerza su vida mental hacia cuestiones que no son las nuestras, o entre nosotros no se plantean idénticamente. A diferencia de los recios “gringos”, retratados por Agustín Zapata Gollán [1] que vinieron antaño de Italia “col suo onore” y durmieron “sul duro terreno”- éstos no son agricultores. A diferencia del vivaz “gallego” separado de nosotros sólo por el inconciente prejuicio de superioridad respecto de “la América”- éstos no creen en Jesucristo, ni rezan en español. A diferencia de los emigrados de Coblenza, éstos no pueden formar entre nosotros altaneros grupos aislados con finanzas propias, especies de islotes provisorios impermeables. Es una nueva clase de emigrados. Hay que pensar en ellos. Mas para pensar no es lo mejor enojarse estúpidamente.

El antisemitismo es una estupidez. O mejor dicho no es una estupidez, es propiamente una “animalidad”. Es en su principio una especie de reflejo distintivo, una cosa para ser superada y dominada por la razón, no digamos nada de la fe. Bergson (2) ha constatado exagerándolo (siendo israelita no podía ni verlo) el carácter de instintividad en el movimiento de repulsa al extranjero (y el judío es el extranjero antonomástico), en el cual movimiento ve el filósofo una medida precausional de la naturaleza y como dice él, “uno de los caracteres de la sociedad natural” de la “horda”. Por la fe sabe el cristiano que en su alma lo “natural” debe ser superado (“super-natural”); pero los filósofos dicen que es forzoso para eso que no sea destruido. Digamos que debe ser “integrado”. El antisemitismo (odio ciego al judío porque judío) es una falta de integración y muchas veces una falsa integración dése movimiento natural de repulsa. Por eso es simplista, imprudente, desmesurado, estrecho.

Sólo que el filosemitismo liberal es peor. La solución liberal del llamado “problema judío” consiste en negar el problema. El liberal ignora la naturaleza, quiero decir la naturaleza concreta, que para el cristiano es una naturaleza “caída”. El liberal cree con tenacidad dogmática en la Fraternidad Universal y Laica, cree en la  Fraternidad seclusa  de la Santidad, en la hermandad de todos estos hijos de tantas madres prescindiendo del Padre Celeste, y sin ninguna necesidad del Padre Celeste, y sin ninguna necesidad del Padre Nuestro. Hablo del liberal rusoniano tipo La Prensa; hay tantos sentidos désta palabra “liberal”… (a mí mismo me llaman “cura liberal”. ¡qué habré hecho!). Y en este enredo nos hallamos ahora los argentinos. Los judíos perseguidos apelando a nuestra “liberalidad” de cristianos. Los liberales liberalescos derramando lagrimitas sobre la terrible desdicha de Israel, incomprensible para ellos. Los “nazistas” desatando desenfrenadamente (a veces sin la menos prudencia cristiana) la repulsión natural que sienten hacia el judío, malmezclada con la preocupación justa acerca del “problema judío”, al cual complican y empeoran por el mismo caso. El pueblo sintiendo crecer sordamente su prevención contra “los rusos” ricos valiéndose de todos los medios tradicionales, buenos o malos –desde el dinero y el diario hasta la simulación y el subterfugio, pasando por la “defensa de la democracia”- para afianzar su situación entre nosotros. ¿Y no hay problema judío? - ¡Ojalá!

La solución que le han dado en Europa primero Hitler y después Mussolini no es cristiana. Es posible que ni siquiera sea solución como opina Belloc (3), por demasiado simplista. Es cierto que no es cristiana por demasiado injusta. En vuelve una regular cantidad de injurias a particulares que creemos ninguna razón de estado puede cohonestar. Por divergente que sea el Estado Fascista de su antecesor el Estado Liberal, la nación es la misma, y tiene el deber de hacer honor a sus obligaciones. Ahora bien, el Estado Liberal, alemán o italiano, había puesto a los judíos antaño en pie de igualdad ciudadana con todos;  y al hacerlo, concluyó una especie de tácito contrato bilateral. No decimos que haya obrado sabiamente al hacerlo, decimos que de hecho lo hizo. No puede ahora en rigor de justicia rescindir ese convenio tácito de modo unilateral. Si autorizó a los hebreos a diplomarse de médicos en sus facultades, verbigracia, no le es lícito ahora prohibirle el ejercicio de la medicina  brutalmente, sin juicio previo, sin compensación. Si les permitió adquirir propiedades y riquezas  sin límite alguno, no puede ahora decentemente echarlos del país expoliándolos. Y aun cuando le fuese lícito, dice Sto. Tomás en su Regimine Judeorum, no le es “decente” a un príncipe cristiano ponerse al nivel del usurero a disputar por plata o aparecer ante la gran comunidad de Israel, prometida a la conversión, como despojándola. Y lo peor es que el despojo cae casi siempre sobre los pobres, mientras los peces gordos rompen las redes.

El problema existe; pero la solución “nazi” tiene los caracteres inhumanos e imprudentes de la mentalidad pagana.

Ahora que si el Fuhrer o el Duce son injustos o brutales, no tenemos nosotros toda la culpa. Este es otro punto que es menester capten estos emigrados, puesto caso que el primero lo captan perfectamente. La desgracia que han sufrido crea a nuestra piedad un deber de conmiseración prudente,  y más en el caso de israelitas convertidos; pero no nos crea el deber  de poner el país patas-arriba por ellos. La persecución que sufren no puede no conmover al cristiano. Ser perseguido, el cristiano debe saber lo que es, y saber que es irrevocable sino y suerte suya, tanto más cuanto más cristiano sea. Pero désto sacan ellos una serie de conclusiones precipitadas, que nos colocan en seguida con ellos en estado de malentendido. Declarémos entonces, ya que cuentas claras conservan amistades.

Un intelectual periodista o profesional judío expulsado de Alemania por razón de su raza –suponiendo que de hecho los “expulsen”- ha sufrido una desgracia y un castigo inmerecido, sea. Pero aquí en la Argentina hay muchos que han sufrido también desgracias, no menores. También en la Argentina hay bancarrotas, hay desocupación, ¡hay lepra!, suicidios también, demasiados suicidios. “¡Este era un distinguido profesor, y ahora no tiene con qué pagar la pensión!”. Hay argentinos en el mismo caso, no menos buenos intelectos que cualquiera. Hay niñas de apellidos patricios, de familias que simplemente han “construido” esta nación, que dactilografían para ganarse el pan. Hay profesores del mayor talento que tienen que hacer gacetillas de diario por $160 mensuales. Hay escritores de verdadera alcurnia que viven trabajando de tipógrafo. Y peor todavía, hay gente que tiene hambre crónica, o vive en viviendas imposibles, y esto no sólo en Santiago y en Salta, sino en los llanos de Balcarce y Necochea, es decir, en la gleba más gorda del país y más fértil del mundo, y eso trabajando de sol a sol. Los señores “emigrados” harían bien en preguntar por los paperos de la provincia de Buenos Aires. Preguntar qué es un “papero”.

Por lo tanto, primera prevención: “¡À la queue, à la queue, à la queue!”, como gritan en París cuando uno quiera deslizarse delante de los que están esperando.

La segunda prevención son las papas: las cuales ahora queman. Estos emigrados (y lo mismo digamos de los “intelectuales” españoles “leales” que se quiere importar) ni saben ni pueden sembrar papas. No será culpa déllos, pero es el hecho; no sirven para sembrar papas. Cuando justamente una de las finas operaciones políticas sería hoy en la Argentina conseguir que la mitad de los criollos que tienen “puestos” en nuestra recargada burocracia, los dejasen para sembrar papas, estos “emigrados” traen en su fondo natural la ilusión apasionada y el ideal fantástico de que se multipliquen los “puestos” para no tener ellos que sembrar papas. O más en serio: los problemas generales del país deben pasar  rígidamente delante de todo sentimentalismo acerca del problema de un grupo cualquiera –no digamos de un grupo advenedizo.

Dios nos libre y no guarde; pero si Dios quisiera (como es muy dueño) nuestro trabajo de periodistas volverlo inútil, nosotros no soñaríamos en hundir al país con nosotros o reformarlo, o revolucionarlo; más bien trataríamos de ir tranquilamente a sembrar papas.

La tercera observación es que la cristiana conmiseración no debe ser ciega. Un católico debe comprender a un judío perseguido, porque él mismo fue y será perseguido; pero debe capacitarse a ver la diferencia. Hay diferencia. Un judío perseguido ordinariamente puede huir; un cristiano tiene que morir. “Debitura martirii fides”. El judío, siendo cosmopolita o internacional, se destierra; pero morir es peor aún, y el cristiano tiene ese deber de morir por su tierra. Este es el punto de la diferencia, el tener o no tener tierra. Los ingleses católicos fueron segados limpios, los que permanecieron fieles a la fe, en tiempo de Elizabet la Grande: casi no quedó ni semilla. El singular hecho de ser una raza desraizada, le vale al israelita una propiedad volandera y movediza que hace su suerte material menos atroz que la nuestra cuando sobre unos u otros se abate el infortunio colectivo. Ellos están más livianos, se podría decir, para cuerpear los colectivos desastres. Los católicos de México, los católicos de Rusia, los católicos de España, han sido sometidos a una prueba mucho más dura que hacer la maleta y cambiar de país. Atados por lazos de carne, sangre y alma –familia, de, tradición, historia y linaje- a un terreno terrón, a un país y a una patria, tienen la precisión libre y forzosa de reventar con ella si revienta ella. El judío “raja”. Y después llora. Que llore. Pero no tanto. O bien que llore por todos. O si no, que no se llore por ninguno.

Apropósito de lloro, la revista Nosotros, que nos es simpática, llora últimamente la suerte de una gran editor judío italiano que se suicidó espectacularmente. Suicidarse es también una manera de huir, que a nosotros no nos es permitida. Salvo el sacro respeto a la tragedia de aquella triste alma (que nos pintan como un alma buena y lo fue sin duda) el suceso está en el mismo plano que el suicidio del otro argentino de anteayer que se mató porque le negaron el certificado prenupcial, por ejemplo, y para nosotros tiene menos trascendencia que la ola de suicidios resonantes y horrorosos que hemos sufrido últimamente. Si es que quieren incriminar a Mussolini el suicidio de Formiggini, lo mismo podían inculpar a Roosevelt, por ejemplo, del suicidio de Don Lisandro de la Torre.

Simplemente al tal señor Formiggini le ocurrió una desgracia, no pudo resignarse, y careciendo de toda fe religiosa o cristiana o judía, pidió la liberación de su dolor a un acto violento y contra natura que los pasquines llaman “heroico” cuando sucede en una democracia y “atroz” cuando pasa en una dictadura. Frente a la desgracia hizo hara-kiri, lo mismo que un pagano cualquiera, lo mismo que un Séneca, que un Fisho-Hito, o que un… Roehm. ¿Qué desgracia le pasó? –Perdió su fortuna. ¿Cómo la había hecho? –Vendiendo libros. ¡Vendiendo libros!

Nosotros no tenemos la culpa que nos hagan meditar sobre este caso; y no quisiéramos ser ásperos con ninguno. Pero ¿vendiendo libros, eh? ¿Y qué libros? ¿Libros buenos o libros malos? – De todo. ¿También libros anticristianos? – También. ¿Y libros de Guido da Verona? – Por supuesto. ¿Y los cristianos qué hacían mientras el hebreo Formiggini y el hebreo Verona ganaban plata en Roma con libros anticristianos? – Los cristianos tenían que aguantarse, tomar quina, cuidar a sus hijos, fundar y sostener a gran costo escuelas particulares donde tales libros no pisaran, pagar una nurse (si podían) para cuidar a los nenes de los kioscos de Formiggini -¡y encima los muchachos leían lo mismo a escondidas los libros de Formiggini! ¡Si son los libros de Formiggini justamente los que han hecho hoy posibles y necesarios los otros libros de Rósemberg y Hitler! ¿Entonces los cristianos estaban como si dijéramos “perseguidos” por Formiggini? –Exactamente. Y no tenían ni el recurso de suicidarse a sí mismos, ni matarlo a Formiggini, ni siquiera el consuelo de propinarle una pateadura. Ahora se da vuelta la policía en contra de Formiggini, Formiggini se elimina, y los cristianos tienen que alimentar la familia de Formiggini antes que la suya propia. No señor. Ese razonamiento no vale. Una cosa es ser santo y otra cosa es ser sonso, decía mi tío el cura.

Fuera de bromas (y conste que bromeamos para no llorar) no sería hermoso que los cristianos vilmente se desquitaran ahora de sus persecuciones (promovidas por el judaísmo a veces) con esta persecución al judaísmo que hacen ahora los paganos. No, señor. Pero no olvidar tampoco que la persecución por la fe virilmente sufrida no es un mal, y sufrida por las propias culpas, no es un mal absoluto. “Si os persiguen por malos (decía ya en el siglo I el Papa Pedro I en su primera encíclica) no es muy glorioso que digamos, pero en fin, aguantad igual; pero si os persiguen por bueno y benéficos, eso es una verdadera gracia de Dios” (I Petr. II, 20).

Para decir la verdad, yo no sé si Formiggini vendía libros anticristianos; pudiera ser que por excepción no los vendiese; pero yo sé que en general los venden, tanto los judíos como los malos cristianos de hoy, socapa de la omnímoda libertad de comercio que lleva por nombre libertad de pensar; y sé también a quienes pertenecen las innumerables libreriucas alemanas llenas de inmundicias que florecen como una primavera en las inmediaciones de la Avenida Alem. El judío en la época moderna es en general comerciante; el comercio es su fuerte y su triunfo, y Carlos Marx llega a decir que hasta su “esencia” [4]. Pero el comercio en la época moderna ha llegado al poder político (plutocracia) y ha visto dilatarse hasta el infinito los límites de su función y su objeto [5]. La difícil cuestión judía en general (y la de Formigginni en particular) está pues íntimamente complicada con la cuestión de la “licitud del lucro” (S. Th. 2-2ª, 77). La cuestión de la “licitud del lucro” es esa discusión moral teórica que los antiguos filósofos desenmarañaron con tal delicada  dialéctica que el flamante Rector de nuestra flamante Universidad de Cuyo trató de “mente vacía” y comparó con la piedra filosofal y el elixir de larga vida. (Aristóteles, Política, 1. I, cap. VI y VII; 1, II, cap. II, 171). Y tenía razón el Rector en el fondo por sonsas que suenen sus palabras. Esas piedras filosofales las perdió la gente de hoy, universitario incluso, junto con la dialéctica de los antiguos. Por eso justamente, decía mi tío el cura, porque se perdió aquella dialéctica del distingue frequenter y la gente de hoy día se dispensa de pensar. Rectores incluso, de más en más cada día, por eso existe el antisemitismo y por eso la cuestión judía se vuelve insoluble o violenta [5 bis].

Pero no quiero abordar aquí la cuestión judía ni la otra, sino sólo recordar nuestro grave peligro de la emigración indisciminada. Los tres Bacquié padre, hijo y sobrino, los tres franceses que se alzaron con cinco millones de francos en París hace poco, han declarado al ser visitados por la policía bonaerense que “habían venido a la Argentina por saberlo un país libre y el más apropiado para gozar de tranquilidad” (La Nación, 19-IV, 1939). Los que leen novelas policiales inglesas –y yo mismo tuve ese vicio- saben que cuando un novelista inglés no sabe qué hacer con un criminal lo manda a “regenerarse” a la Argentina. Un amigo mío medio maniático ha coleccionado un lista nada menos de 13 novelas que incluyen tan curioso rasgo. No quiero copiarla aquí; pero permítaseme copiar un párrafo de la primera déllas, la primera en todos sentidos, The Hound of the Baskerville (Ed. Penguin, cap. X, pág. 154), que es libro clásico entre todos los cuentos de “detectives”.

Habla Watson, el auxiliar de Sherlock Holmes, con el pariente de un asesino fugado de presidio.

- “El tipo es un peligro público. Hay casitas separadas por todo en esta landa, y él es un nene que no lo para nadie. Basta verle la cara… No hay seguridad para ninguno aquí mientras el tipo no vuelva a estar entre rejas”.

Contesta el pariente:

- “Señor, aquí no va a molestar más a nadie. Yo respondo déllo. Y no va a molestar más a nadie en este país. Yo le juro, que dentro de pocos días se habrán dado los pasos y él estará embarcado para… “South-America”. Por el amor de Dios, señor, yo le suplico que la policía no llegue a saber que está en la landa… Yo le ruego no decir nada a la policía.

- ¿Qué le parece, Watson? – dice sir Henry Baskerville, tipo del jerarca inglés.

“Yo me encogí de hombros (cuenta Watson) Y dije: -“Si sale libre de mi país, será un alivio para los contribuyentes… Bueno. Que se vaya”.

De acuerdo a esto podríamos decir que es muy honroso para nosotros que acuerden los europeos al libre y sano aire de la Argentina una especie de poder sacramental ex opere operato para regenerar delincuentes, como una especie de irresistible bautismo de pampa y sol; pero que no se prodigue eso tampoco tanto sin tener un poco en cuenta el bolsillo del contribuyente argentino, más cargado hoy que el contribuyente inglés.

Estas reflexiones baratas las hace implícita, vaga o instintivamente el pueblo nuestro, el contribuyente; me he puesto adrede ahora a pensar “en pueblo” como en mis versos sobre Martita Ofelia. Basta para comprobarlo salir a la calle. Ellas quieren solamente hacer pensar, y de ningún modo fomentar pasión alguna en pro o en contra del judío, que bastante las hay ya malamente encendidas. Y lo que quieren hacer pensar es esto: el “problema judío” existe (y existió siempre), el problema judío se ha trasladado a nuestra patria, su solución no es el odio ciego, ni el sentimentalismo, ni mucho menos la solución “avestrúcica” de cerrar los ojos. Esa solución la hemos de hallar en paz y justicia, judíos y cristianos a la vez; y no se hallará fuera de los carriles de la razón y la moral y sin la palanca de una férrea política nacional y realista.

Entretanto, críen paciencia los “emigrados” y junten luz abajo el pelo los nativos, porque los tiempos son difíciles y con gritar, llorar, insultar, fanfarronear y alborotar no se remedian mucho los problemas grandes. Entretanto no pequemos en lo que es claro, si es que no alcanzamos a pensar de golpe lo que es oscuro.

Si quieren saber la verdad verdadera, el problema judío no tiene solución posible sino fuera y encima de los pseudos-principios del liberalismo rusoniano [6]; y como estamos todavía de liberalismo rusoniano hasta el cogote los argentinos, el problema judío no está maduro todavía para una solución total efectiva, mientras mas está urgentísimo para provisiones particulares [7] de las cuales la más obvia es la (que ya hizo Ortiz) de “cerrar la puerta”; la más primordial es “contemplarlo de frente” y la más profunda es “volvernos lo que somos”, es decir, volvernos de una vez por todas y con toda el alma cristianos.

Es difícil.

Ahora, a los antisemitas crudos y católicos (si es posible esa cruza) hay que pararlos por lo menos con la Teología, de acuerdo a aquel bárbaro soneto de Calixto el Suplente.

SONETO AL HIJO DEL ANTISEMITA

“Son una peste y una porquería”,-
-más habla en fuerte y en cristiano, ea-
“Y tienen mal olor”; -¿tu alma no hedía
antes del baño en sangre galilea?

El Bautismo te ha ungido a la pelea
tú que juraste en él caballería
y dices cada día “Ave María”
a tu Señora, aquella niña hebrea

Consanguíneos en Dios por doble fueron
gracia nosotros y ellos bastardía
como Isaac con Ismael malquisto,

no olvides que el bastardo fue primero,
y que ambas sangres correrán un día
juntas ante el altar del Anticristo.

(De las Ideas de mi Tío el Cura, idea XIV).

[Nota: Este texto del Padre Castellani apareció por vez primera en: Criterio Nº 585 del 8 de mayo de 1939.]

Notas:

(1) Las puertas de la tierra, Jornadas del Litoral. Universidad del Litoral, Santa Fe, Santa Fe, 1939 160 págs.

“Dall`Italia sismo partiti
Siam partiti col nostro onore
In trenta giorni di machina a vapore
In questa América siam arrivati
Non abbiam trovato paglia ne fieno
Abbiam dormito sul duro terreno
Come la bestie siam riposati
E con l`industria di noi italiani
Abbiam formati Paesa e cittá…
E non abbiamo di ché vergoñarsi
E nostra faccia possiamo mostrá…”

(2) Les deux sources, Alcan. 1933, pág. 306.

(3) The Jews, Constable, Ld., 1937, preface, pág. XLI.

[4] “Apenas la sociedad logre suprimir la esencia empírica del judaísmo el chalaneo y sus premisas…” (Marx, La Cuestión Judía”, Ed. An. Ponce, 1936).

[5] “Cupíditas lucrit de se términum non habet et in infinitum tendit… (Sto. Tomás, S. Th., 2 -2oe, q. 77, a. 4).

[5 bis] Me refiero al discurso de Rector [sic] Dr. Edmundo Correa que dice: “Cada época tiene un contenido y un alma propia: los Flatus vocis del escolasticismo medioeval tradujeron una infinita vaciedad y la retorcida dialéctica d sus doctores sutiles; la piedra filosofal y el elixir de larga vida condensaron toda su alquimia en los claustros de la Colonia; resonó el eco del ergotismo monacal de la América Hispana. Sin embargo toda esa ciencia infusa y misteriosa deshumanizada y arbitraria fue… reflejo de tiempos. ¡Cuán débil y vacilante era la luz…” etc. (La Nación, 28-IV-1939).

[6] Eso es lo que demuestra también Marx n el opúsculo arriba citado.

[7] El último número de la Revista Geográfica Argentina da como existencia de israelitas entre nosotros 270.000, igual que Francia, dato del Prof. De la Univ. de Jerusalén, Roppin. El dato es viejo. Ahora [1939] hay muchísimos más. Deben andar alrededor del medio millón, según cómputos probables.

*** Leonardo CASTELLANI: Las ideas de mi Tío el Cura. Bs.As., Excalibur, 1984, Cap. XIX.

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